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EL ENAMORADO Y LA MUERTE
De la tradición Oral del siglo quince derivado de un poema oculto de Juan de Enzina
narrado por Luis Felipe Alegre de España

Me estaba reposando, durmiendo como solía.
Soñaba con mis amores, que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora muy blanca, muy más que la nieve fría
¿ Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas, ventanas y celosías.
No soy el amor, que soy la muerte que Dios te envía.
¡ Ay, muerte tan rigurosa, déjame vivir un día!
Un día no puedo darte. Una hora antes de vida.
Muy de prisa se levanta. Más de prisa se vestía
Ya se va para la calle en donde su amor vivía.
Abreme la puerta, blanca, ábreme la puerta niña.
¿Cómo te podré yo abrir si la ocasión no es venida?
Mi padre ni fue a palacio. Mi madre no está dormida.
Si no me abres esta noche, ya nunca más me abrirías.
La muerte me está buscando. Junto a ti mi vida sería.
Vete bajo la ventana donde labraba y cosía,
Te echaré cordón de seda para que subas arriba
Y, si el cordón no alcanzare, mis trenzas añadiría
La fina seda se rompe. La muerte que allí venía:
Vamos, el enamorado, la hora ya está cumplida.

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