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EL HERMANO TIGRE
Y ANANSI
Cuento de tradición oral
Por Moisés Mendelewicz
Cuentero costarricense

Yo pase mi infancia en Limón, en el caribe costarricense, ese caribe que es el caribe más pequeño de todos los caribes. Allí blancos, negros y polacos –porque así nos decían a los judíos– éramos uno en aquellos barriales. Mis amigos de la escuela eran negros: Nataniel Pinock y Joshua Watson; sus padres contaban en repetidas ocasiones este cuento de nunca olvidar; cómo Anansi, el Hermano Araña, probó que el Tigre Tigra, el Hermano Tigre, era su caballito de trote.
El Tigre, el Hermano Tigra, era el más popular entre las muchachas del pueblo y esto no le podía gustar a Anansi, el Hermano Araña, porque con cuanta muchacha platicaba le salía con el cuento de que estaba muy enamorada del guapo Tigre. De ahí nació cierta rivalidad entre el Hermano Araña y el Hermano Tigre, pero al Tigre poco le importaban los berrinches del Hermano Araña. Total, él era el que tenia el mechoncito blanco en la melena y con eso cautivaba a las lindas damitas.
Muchas veces Anansí trató de cortarle el mechoncito al tigre mientras dormía, pero Tigra siempre reaccionaba a tiempo, y un buen día estuvo a punto de destripar a su rival.
En el pueblo vivía Tacuma; Tacuma tenía dos hijas y el Hermano Tigre se enamoró de ellas y Anansi también. Un día, Anansí fue a casa de Tacuma para enamorar a sus hijas y las hijas le salieron con el cuento de que ellas estaban enamoradas del guapo Tigre. Anansi les dijo:
–¿Enamoradas de ese bichejo? ¡Pues sepan ustedes que el tigre es mi caballito de trote! Pues a partir de ese día, se regó, como pólvora, la noticia de que el Tigre, con todas sus pretensiones, no era más que el caballito de trote de Anansi, y hasta los niños se atrevían a cantar por las esquinas:

Hermano Tigre se te acabo la maña
Desde que te monta el hermano araña.

Tigra se puso furioso y decidió ir a casa de Anansi para reclamarle en el terreno de los hombres, pero cuando llegó, Anansi, que lo había visto venir por las rendijas de las tablas de madera de su casa, de repente cayó enfermo; y Tigra lo encontró quejándose y revolcándose de un fuerte dolor de panza.
–A mi qué me importa tu dolor, ¿qué fue lo que me hiciste? –dijo Tigra.
–¿De qué me hablas Hermano Tigre?
–Mira Anansi, fuiste a decirle a las hijas de Tacuma que yo era tu caballito de trote.
–¡Pues no! Cómo se le ocurre que yo iba a hacer una cosa así. Esas muchachas son malas y por eso inventaron ese chisme.
–Pues entonces vamos a su casa y desmientes lo ocurrido –dijo Tigra.
–¡Ay Tigra! yo con mucho gusto iría, pero véame cómo estoy, me estoy muriendo.
–Pues tienes que ir y punto –dijo Tigra furioso.
–Bueno, pero para hacerlo quiero ir cómodo –le contestó Anansi–. Como me duele tanto la panza quiero ir sentado y usted me puede llevar.
Y el Tigre cayendo en la trampa le dijo que sí.
Ahí fue cuando Anansi le pidió una montura, un freno y un estribo; y el Tigre se las dio. Anansi ensilló al Tigre y se fueron por el camino.
–¡Despacio! Despacio Tigre, que me siento mal –decía Anansi.
Pero cuando se acercaban a la casa de Tacuma, Anansi le metió unos espuelazos y el Tigre comenzó a trotar con muy buen paso; y ya en el patio de la casa de Tacuma, Anansi se compuso milagrosamente de la panza y comenzó a gritar:
–¡Véanme a mí, Anansi que viene, yo lo monto, yo monto al hermano Tigre!
Cuentan que desde ese día el Tigre anda avergonzado por la selva, por eso no se le ve. Y Anansi muerto de risa, desde ese entonces, se queda con todas las muchachas.

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